El miedo nos puede paralizar para toda la vida

El miedo nos puede paralizar para toda la vida

Agradecemos la contribución de Francisco Javier Restrepo con este interesante artículo que nos hace reflexionar sobre la manera de funcionar del miedo y lo que nos hace perder.

El miedo nos puede y llega a paralizar para toda la vida…y cuando lleguemos a la vejez nos preguntaremos y si yo hubiera hecho lo que tanto desee, ¿qué hubiera pasado con mi vida? Como estuviera viviendo? Por eso es mejor llegar en algún momento de la vida a decir lo hice, lo viví, lo sentí, lo disfruté y no tener que llegar a decir “si yo lo hubiera hecho.”

Muchas veces dejamos de vivir nuestra propia vida para vivir fragmentos de la vida de otros, ya sea por compromiso, costumbre, miedo o simplemente por falta de claridad lo que realmente deseamos.

Vivir lo que realmente deseamos no significa abandonar las responsabilidades y compromisos adquiridos, pero sí debiéramos pensar que el mayor compromiso que tenemos es con nosotros mismos.

Es muy difícil amar o dar amor a alguien más si nosotros no nos amamos. Cuando hablamos de amar se entrelaza la palabra fidelidad y se hace la pregunta somos fieles? Pero antes de pensar en serlo con alguien más, debemos de serlo con nosotros mismos, le guardamos fidelidad a nuestras visualizaciones y deseos de realizarnos?

Nuestros miedos se fundamentan en nuestras incapacidades y por lo que ha quedado grabado en nuestro inconsciente desde la crianza.  Nos educaron sobre la   base del miedo al fracaso, nos criaron dependientes emocionalmente a las personas y las cosas, pero a su vez con un alto contenido de conformismo fomentando los celos y las inseguridades.

Una señal importante que se nos presenta es cuando vivimos en una rutina que nos esclaviza la cual nos hace perder la alegría, se desvanecen las expectativas y hacemos parte del selecto grupo de personas conformistas y lo justificamos repitiendo -esta es la vida que me toco vivir.

Pasamos tiempo robotizados cumpliendo con lo que se debe hacer, pero abandonamos por completo el debe ser y de vez en cuando, como viendo un video en una pantalla lejana se nos escapa con miedo una expresión: ¡ya para que!.

Y pienso desde mi experiencia que este miedo nace desde el primer momento que nos inculcan el temor a una acción de la naturaleza, la muerte.

El miedo a morir también puede influir en el desarrollo de nuestra vida diaria, y puede hacer que situaciones tan normales como conducir, viajar o incluso salir de excursión sean una fuente importante de estrés y ansiedad que, además de influir en los demás, conlleve consecuencias personales para la salud y el bienestar físico y emocional.

La conciencia de la muerte puede ser utilizada para disfrutar más de la vida, para agradecerla como un regalo que hay que aprovechar y exprimir hasta el último aliento.

Por tanto piensa que es lo que en este momento te haría muy feliz y empieza a trabajar para alcanzarlo.

La indecisión es la semilla del temor, tienes que comenzar, aunque tengas miedo.

Si continúas esperando el momento oportuno solo provocarás que la indecisión se convierta en dudas y esta en miedo.

Las dudas y la indecisión juntas le darán más poder al temor y al miedo.

Y puede que llegue un día en el que te des cuenta que han pasado muchos, muchos años y lamentarás no haberlo intentado.

Haz la prueba, ¿hay algo que te arrepientas de no haber hecho (tanto a nivel personal como profesional)?

Escríbelo y date cuenta de que hay grandes o pequeñas cosas que podrías haber hecho y no hiciste. Por tanto, empieza ya, es mejor intentarlo que quedarse con la duda.

Francisco Javier Restrepo Ch
Facilitador en estilos de vida saludable.
Especialista en procesos de envejecimiento y vejez.
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